ME VOY
Ya es hora.
Estoy recostada en una hamaca mientras miro el atardecer por la ventana. El sol se esconde entre las palmeras que se mecen suavemente con el viento.
La escena transmite calma. Todo parece estar en su lugar.
Entonces, ¿por qué siento que no encajo aquí?
—¿Ya nos vamos? —pregunta Lucrecia, ansiosa.
—¿Irnos a dónde?
—No sé… a otra parte.
—Pero estamos bien aquí.
—No, ya quiero irme —insiste.
Miro el sol otra vez. Ya se ha ido. Me lo perdí.
Todo pasa tan rápido que ni siquiera me doy cuenta de lo que está frente a mí por estar pensando en qué sigue.
Me viene a la mente esa frase que dice:
"La vida es eso que pasa mientras imaginas cómo será tu vida."Siempre la leo sin entender del todo su significado. Hay tanto ruido en mi cabeza que a veces las palabras pierden sentido.
Pero hoy es diferente.
Hoy, a pesar de haber tenido esta conversación con Lucrecia más veces de las que quisiera, de repente todo hace clic.
Y es que me PREocupo tanto por el lugar en el que quiero estar que no me OCUPO de disfrutar del lugar en el que ya estoy.
En algún momento, la Kenya del pasado decidió que lo suyo era moverse. Me vendió la idea con tanta emoción que ahora, cuando intento parar, es difícil.
Y todo pasa tan rápido…
—Es que hay tantos lugares que aún no conocemos. Si no nos damos prisa, no nos va a dar tiempo —interviene Lucrecia.
—¿Pero cuál es la prisa? ¿A dónde tenemos que llegar? ¿Quién nos espera?
Mis preguntas la toman por sorpresa. Se queda en silencio un microsegundo…
—Pues no sé, hay muchas personas que aún no sabemos que vamos a conocer. El mundo es gigante y tú vas tan lento…
Ahí está otra vez.
LENTO.
Esa palabra casi siempre logra desarmarme. Es como si activara una bomba dentro de mí.
La ansiedad corre por mis venas a toda prisa, escucho el tic-tac haciendo eco en mi cabeza y, de pronto, una idea se estaciona en mi mente:
No tengo tiempo.
Lo más irónico es que esa idea no se va. La cuido con tanto mimo que ya ni recuerdo cuándo llegó. Ha estado conmigo tanto tiempo que parece parte de mí.
—Deja de divagar y vámonos —me apura Lucrecia. Esta vez su tono suena más a una orden que a una sugerencia.
—Pero… no quiero.
—¿Cómo dices eso? ¿Y nuestro sueño? No se va a cumplir solo…
—Sí, tienes razón, pero tal vez cambié de sueño.
—Ah, no, eso sí que no. Nos costó mucho trabajo llegar hasta aquí y no vamos a desperdiciarlo porque a la señorita le dio por cambiar de sueño.
Me callo.
¿Será verdad?
¿No debería estar cien por ciento comprometida con mi sueño y darlo todo por él? Después de todo, es mi pasión… ¿o no?
Hasta qué punto es mediocridad y hasta qué punto es aferrarme a algo solo por cumplirlo a toda costa.
Tal vez la vida va de eso. De descubrir el balance y aprender a vivir.
—Ajá… entonces, ¿ya nos vamos? —interrumpe Lucrecia, como si nada.
Suspiro.
Aún no lo sé.
Si tú tampoco lo sabes, ya somos dos, así que relájate un chingo, ya sabes que te lo digo porque te quiero 😘
¿Nos conocemos? 🙃
Si quieres saber un poco más del “contenedor de Lucrecia” es Aquí ✨



Ame cada diálogo, me reí acordándome de mis indecisiones eternas y cambios constantes de antes...
Esto,
que cuentas tan divertida,
lo viví en carne propia.
Dudar mata toda opción.
Hazlo o no lo hagas,
pero no dudes,
no lo intentes,
eso solo te unde más en la indecisión
y al final,
te pierdes a tí misma,
creando tu mundo perfecto,
a tu gusto.
Y si ya se,que pediste consejo, disculpa, es que no lo pude evitar...
Ese gran maestro el tiempo, es un enemigo constante al que hacer frente constantemente, pero exactamente, no hay prisa en ello, dejarse vencer por el es abandonar nuestro camino, y por camino no significa siempre movimiento externo.